Connotaciones negativas

February 25th, 2010

A Rosa Díez le están dando pero bien por unas declaraciones en que califica de gallego en sentido peyorativo al Presidente del Gobierno. La declaración es desafortunada y debería disculparse.

No obstante como aquí lo de la corrección política no se lleva ¿qué connotaciones peyorativas tienen los gentilicios?

Gallego: (teniendo en cuenta que gasheego se puede aplicar a todos los españoles en la argentina también): idiota
Catalán: tacaño
Murciano: mala gente
Andaluz: vago
Alemán: cabeza cuadrada
Francés: maleducado
Vasco: exagerado, fantasma
Valenciano: seguro que en Madrid hacen chistes, pero ahora no caigo en porqué.
Americano: inculto
Escocés: tacaño (en UK)
Irlandés: borracho, pendenciero (en UK)
Chino: tonto (por lo de engañar como a un chino)
Judío: puede ser avaro pero también desgraciado (por lo de judiada).
Italiano: la animadversión hacia los italianos no hace referencia a una característica específica, es general hacia su carácter.
Argentino: Italiano al cuadrado básicamente
Moro: celoso
(…)
Villabotijense de arriba: gilipollas (en Villabotijos de abajo)

Pues va a ser que los gentilicios están llenos de prejuicios y tópicos; es difícil de creer que Rosa Díez tenga especial animadversión por los habitantes de galicia, y lo que dijo no pasa de ser una elección de palabras desafortunada para los tiempos que corren.

El escandalizarse por un error del rival político de forma ventajosa puede pasar a convertir algunas palabras en tabú.

La evolución del lenguaje es evidente, y salvo en el país de la piruleta el lenguaje se utiliza para decir cosas desagradables de otras personas. Lo que en un momento dado es una expresión aceptable en un contexto puede pasar a ser una palabra malsonante con facilidad. Por ejemplo de mongol, se pasó a retrasado mental, y ahora se abrirían las puertas del infierno si a cualquiera personalidad pública se le ocurriera calificar a alguien como retrasado. Es inevitable que el lenguaje se adapte para resultar ofensivo porque es necesario para su función. Las palabras tienen su vida y no pertenecen a nadie, por ejemplo el uso de “nigger” o “maricón” para el trato de colegueo; estos casos atestiguan un recordatorio a edades más oscuras que gracias a los caprichos del lenguajes estarán presentes en la memoria de las generaciones jóvenes.

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